En la Luna o en Valencia

No resulta muy arriesgado vaticinar que el congreso del Partido Popular de este fin de semana se va a celebrar con sordina. Ha sido mayor el ruido del disenso en el periodo posterior a la derrota electoral que el que probablemente se escenifique en Valencia. El hecho de que nadie en el seno del partido se haya arriesgado a presentar una candidatura alternativa a la de Rajoy, junto con la cuidada escenografía por parte del único candidato a la presidencia le van a restar mordiente al congreso. Pese a todo, todavía quedarán algunos detalles a los que habrá que estar atentos. Por ejemplo, a los aplausos que reciba José María Aznar, cuyo discurso se ha desplazado al sábado para evitar la ominosa diferencia de entusiasmo que previsiblemente despierte su intervención en comparación con la que concite el discurso de Rajoy. También habrá que ver la actitud de los compromisarios de Madrid, y si son capaces de arrastrar a los de algún otro territorio. Pero, sobre todo, habrá que escrutar si al cierre queda una vaga impresión de que las espadas quedan en alto o si se produce un cierre de filas en torno al líder y vuelta a empezar.
Hay que reconocer que esta segunda derrota electoral tenía por fuerza que encajarse mal entre los notables del PP. Otros cuatro años de travesía del desierto se van a hacer muy largos teniendo en cuenta que la derrota de 2004 fue tomada por muchos como uno de los daños colaterales de los atentados del 11-M. Este nuevo fracaso ha tenido básicamente tres lecturas. La primera de ellas señala como causa de la derrota el escaso carisma del líder. Las encuestas incidían machaconamente en la baja calificación que los electores otorgaban a Mariano Rajoy. Incluso cuando las expectativas electorales del PP eran buenas, la nota obtenida por Rajoy era mala. Si ante un gobernante tan deplorable como ZP, Mariano no ha sido capaz de imponerse —y tuvo dos debates en la televisión, amén de infinitos en el Parlamento, para hacerlo—, no cabe ninguna esperanza de que lo logre a la tercera. La segunda lectura es la de los que creen que no se ha atacado con suficiente encono al rival y que ha habido demasiada tibieza frente a las múltiples derivas del Gobierno de Zapatero, no solo el peor gobernante de la democracia, según ellos, sino desde Fernando VII. A saber cómo habrán llegado a esa conclusión y en qué método de análisis político la han fundamentado.
La tercera lectura, que por lo visto hasta ahora es la que suscribe el propio Rajoy, cree que el PP solo puede crecer por el centro y que, dado el empate técnico que hace tiempo mantienen los dos grandes partidos, es imprescindible una política que permita alianzas con otros grupos políticos, porque las mayorías absolutas se antojan quimeras. Al mismo tiempo, los resultados obtenidos en ciertos territorios como Cataluña, País Vasco y, en menor medida, Andalucía se perciben también difícilmente compatibles con un gobierno armónico.
Los que hacen la segunda de las lecturas convergen con los de la primera en que Rajoy no es su líder. Especialmente este Rajoy deseoso de crecer por el centro y aproximarse a los nacionalismos periféricos. María San Gil es el paradigma más acabado de esta posición.
Interesantes análisis numéricos de los resultados electorales de los últimos tiempos —hechos por César Molinas, antes de los últimos comicios, y de Julián Santamaría y Henar Criado, después— parecen dar la razón a la que más arriba señalamos como tercera lectura. En estas mismas páginas (ver La Opinión de 15/05/08. “Los dos PP o la encrucijada de la derecha”) habíamos señalado el peligro de escisión en el PP ante la contestación a la figura de Rajoy. Ese peligro no se materializará en el congreso de Valencia. Sin embargo, el desarrollo del mismo puede dar claves acerca de si, pese a todas las divergencias, los notables del partido comprenden que solo unidos pueden llegar a arrebatar algún día el poder al PSOE. Quedó ya dicho que el crecimiento por el centro puede producir desgarrones en el ala derecha. El futuro de Jiménez Losantos en la cadena COPE, toda vez que Rajoy se ha desmarcado de sus directrices y dicterios, también dará algunas claves. Estaremos atentos. Procuraremos no estar en la Luna mientras se celebra el congreso de Valencia.

Artículo aparecido en:
La Opinión de Murcia

Fecha publicación:
19/06/2008


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