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Pacifistas, antisemitas y diasporismo |
En su desternillante y aguda novela Operación Shylock, Philip Roth pone en boca de un alter ego que usa el mismo nombre del autor la teoría del diasporismo. Sostiene el falso Roth que los judíos deben abandonar Israel, lugar en el que nunca lograrán vivir en paz con sus vecinos, alguno de los cuales no descansará hasta hacer desaparecer de la faz de la Tierra el Estado judío. La antigua Palestina era la patria prometida de los sionistas que, tras el hostigamiento de los judíos a lo largo de varios siglos en toda Europa, que culminó con el holocausto nazi, pretendieron construir un Estado propio donde permanecer a salvo de persecuciones en la tierra de la que fueron expulsados por los romanos. Esta aspiración a vivir en paz, proclama el creador del diasporismo, sólo la podrían colmar los judíos en una nueva diáspora hacia los países europeos de los que se fueron para fijar su residencia en el antiguo protectorado británico de Palestina. Esos países europeos serían ahora, según el teórico pseudo-Roth, el lugar más seguro para los judíos, ya que la mala conciencia ocasionada por el Holocausto borraría toda huella de antisemitismo y eso constituye la mejor opción para gozar de una seguridad de la que nunca van a disfrutar mientras se empeñen en vivir en el Estado de Israel. Evidentemente, la disparatada teoría del diasporismo es un juego intelectual salido de la prodigiosa imaginación del novelista estadounidense. Pero sería un error desdeñar completamente el juego intelectual de un autor con la afilada inteligencia que atesora Roth.
Hay un antisemitismo de nuevo cuño que supone que los judíos tienen una capacidad innata para concitar las iras ajenas sobre ellos, y se diría que algo así debe de sucederle a la clase dirigente del Estado de Israel. La flotilla sedicente humanitaria que intentaba romper el bloqueo de Gaza, y que fue abordada por efectivos israelíes causando nueve muertos, tenía la clara intención política de dejar en evidencia el bloqueo de la franja de Gaza. No hace falta ser demasiado perspicaz para manejar la hipótesis de que Hamás, de un modo u otro, haya estado detrás de la expedición y nadie puede dudar de que la organización Hamás no está formada precisamente por inocentes pacifistas que ansían firmar un armisticio con Israel. En todo caso, los muñidores de la idea de la flotilla pretendidamente humanitaria no sólo han conseguido el objetivo de centrar la atención sobre el bloqueo de la franja de Gaza, sino que la ilegalidad del abordaje en aguas internacionales, junto con la desproporción de los medios empleados para detener el navío Mavi Marmara, a bordo del cual iban los sedicentes pacifistas, también ha dejado en evidencia la brutalidad israelí. La posición de Turquía y Egipto augura una nueva correlación de fuerzas y alianzas en la zona, al tiempo que por otra parte, Irán también ha movido ficha de un modo inquietante al enviar nuevos navíos con idéntico fin declarado que el Mavi Marmara. No se puede olvidar que el anterior recrudecimiento de hostilidades entre Hamás y el Tsahal vino precedido de la provocativa irrupción de Ariel Sharon en la Explanada de las Mezquitas.
La población del Estado de Israel se encuentra así entre el antagonismo de muchos de sus peligrosos vecinos y el alucinado empecinamiento de sus gobernantes que no dudan en alimentarlo al actuar con una ceguera torpe y victimista. Se diría que sólo son capaces de ver el innegable hostigamiento que sufren, pero no la desproporción con que utilizan su fuerza militar. Esa desproporción en el uso de la fuerza le está granjeando a Israel un aislamiento internacional creciente y está haciendo emerger en gentes biempensantes la simpatía hacia la causa palestina y la consiguiente enemistad hacia Israel, sin distinguir entre la ciudadanía atrapada en un callejón sin salida y unos dirigentes que parecen empeñados en hacer buena la hiperbólica doctrina del diasporismo. Claro que de seguir así conseguirán que ni siquiera los ecos del Holocausto logren neutralizar el sempiterno antisemitismo. Y entonces ni en Israel ni en la diáspora habrá paz para los judíos. |
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Artículo
aparecido en:
La Opinión de Murcia |
Fecha publicación:
10/06/2010
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