La perversión del lenguaje

Hace unos días, Carlos Alsina en su programa radiofónico entrevistaba a Isabel Ayuso y le preguntaba por la deflactación del IRPF que piensa llevar a cabo su gobierno en la Comunidad de Madrid. Después de haber preguntado y repreguntado, Alsina no consiguió otra cosa que un oscuro galimatías en el que no se entendió qué era exactamente la deflactación, si bien quedaba englobada en una bajada de impuestos de la que Ayuso se proclama partidaria. Menos claro todavía quedó cómo se va a llevar a cabo esa bajada del IRPF. No pude evitar acordarme de aquel famoso finiquito en diferido de Bárcenas que era una simulación, explicado por la a la sazón ministra Dolores de Cospedal en uno de los galimatías antológicos de nuestra política reciente. Decía Ludwig Wittgenstein en su famoso Tractatus Logico-Philosophicus que "Todo lo que se puede decir se puede decir claramente". Olvidarlo constituye una perversión del lenguaje. En un nivel de perversión superior está la sustitución del argumento por la descalificación. No discuto por qué una determinada medida o propuesta no es correcta o conveniente, sino que descalifico al que la propone llamándole “comunista” o “fascista”, por ejemplo. Un grado todavía superior de perversión es sustituir la descalificación por el insulto. Sin embargo es peor, en lo que al lenguaje se refiere, su utilización para inventarse una realidad inexistente, eso que se llama creación o propagación de bulos (fakes). Pero el galimatías, la ausencia de argumentos, la descalificación, el insulto, e incluso el bulo son susceptibles de ser analizados y desenmascarados. Lo peor es el ataque directo, como parece que va a ejecutar Daniel Ortega en Nicaragua decretando el cierre de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Cuando se suprime la Academia—una institución que tiene el noble fin de estudiar, cuidar y proteger— el desprecio por el lenguaje es total y ya solo queda el ejercicio desnudo del poder, sin discusiones ni diálogo. El poder se ejerce por la pura fuerza de la coacción. Luchar por una correcta utilización del lenguaje en el espacio público denunciando sus perversiones es luchar por la democracia.

Artículo aparecido en:
La Opinión de Murcia

Fecha publicación:
05/06/2022


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