Hogueras y fuegos fatuos

Elon Musk, superrico
Tesla le ha ofrecido a su fundador, el megarrico distópico Elon Musk, un bonus a diez años de una cifra que solo se puede expresar como potencia de 10: algo así como 1012 dólares. Como la cantidad es inconcebible a ras de suelo, para hacerse una idea hay que compararla con el PIB de España, a cuya mitad anual equivale. Sin duda una cifra estratosférica y totalmente desorbitada que no guarda relación con el valor de lo que un ser humano puede producir. Lo único que impide que uno se convierta en un incendiario es que la prima está vinculada a la obtención de unos objetivos tan bombásticos como que en 10 años se multiplique por seis el valor de Tesla en bolsa. Aunque todo se quede en el sueño —o pesadilla— de una noche de otoño, la borrachera producida por las cifras es de las que dejan resaca con fuerte dolor de cabeza.

M.A.R., que no es notario
No sé si al final el Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, será absuelto o le caerá una condena por revelación de secretos. Son siete los jueces del Supremo que tienen la papeleta de dictar sentencia. Y hay que suponer que son imparciales. Aunque lo visto hasta ahora no tranquilice mucho. Cuando un testigo periodista expresa el dilema moral que le plantea saber quién ha filtrado el correo del abogado de Alberto González Amador y no poder decirlo, para salvaguardar su fuente amparada por el secreto profesional, el presidente del tribunal le dice que ‘no amenace’. Pero no le dice nada al testigo Miguel Ángel Rodríguez, jefe del gabinete de Isabel Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y a la sazón pareja de González Amador, cuando proclama que no es notario, tan solo periodista, o que se dedica a la política y parece entender que por consiguiente puede difundir bulos impunemente. ¡Blasfemia! La Verdad Bien Documentada es el único dios de los periodistas. Reos son de hoguera el inicuo M.A.R. y el presidente del tribunal en cuya sede se ha pronunciado semejante reniego.

La hoguera de las vanidades del emérito
Juan Carlos I, el rey emérito, acaba de publicar en Francia unas memorias que pretenden hacer frente al deterioro de su imagen a raíz de los escándalos amorosos y financieros que lo han llevado a la abdicación y al exilio. Las memorias, redactadas por la reportera Laurence Debray, creo que van a producir un efecto totalmente contrario al pretendido. El libro está escrito en primera persona, pero la remilgada prosa de Debray es totalmente inadecuada para que tras ella resuene la voz de El Campechano. Además, hay en estas memorias demasiadas omisiones de episodios de sobra conocidos de la trayectoria de Juan Carlos como para que el todo resulte creíble. Y, por si esto fuera poco, el Emérito desliza comentarios elogiosos hacia la figura del dictador Francisco Franco. Si lo que pretendía era apuntalar el erosionado valor de la monarquía española, creo que se ha pegado un tiro en el pie. El intento de influir sobre la propia huella que se deja para la posteridad es tan fatuo como inútil.

Junts, separats
A lo que ahora se llama “nacionalismo independentista” antes se lo denominaba “separatismo”. Los separatistas catalanes de Junts hacen honor a su vocación y han optado por separarse de la coalición de gobierno de España y han proclamado que no van a votar en el Parlamento a favor de ni una sola ley propuesta por el Gobierno. Es evidente que eso causará no pocos dolores de cabeza a Pedro Sánchez, perseverante en su voluntad de agotar la legislatura aquejado de parálisis legislativa. ¿Qué ventajas proporcionará a Junts esa posición apriorística de votar ‘no’ incluso a aquello que pudiera favorecer a Cataluña? Aparentemente se trata de frenar la sangría de votos hacia Aliança Catalana, la formación de extrema derecha catalanista. Veremos si no salen chamuscados del intento.

Artículo aparecido en:
La Opinión de Murcia

Fecha publicación:
09/11/2025


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