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Tropezar con la polla |
De todos es sabido que la pulsión sexual es una de las más poderosas en los humanos durante una buena parte de nuestras vidas. También es sabido que la mala gestión de esa pulsión provoca muchos tropiezos, especialmente a los varones. No está claro por qué los hombres somos más proclives a tropezar con la polla que las mujeres con el chichi. No creo que se trate de que esa pulsión sea más fuerte en los hombres, pero la testosterona algún papel debe de tener. Me inclino a pensar que no pocos de esos tropiezos los origina la conjunción de la pulsión de poder, en quien lo puede ejercer, con la sexual. Bueno, hay que reconocer que durante mucho tiempo se era mucho menos sensible a ciertos comportamientos masculinos abusivos, lo que permitía que los tropiezos fueran menores o incluso no fueran tropiezos ante la mirada indulgente de los congéneres del que extendía su poder a su comportamiento sexual.
Seguramente ha sido la conquista de cada vez más cotas de poder por parte de las mujeres lo que ha llevado a denunciar los abusos de que ellas eran tradicionalmente las víctimas. Cuando se carece de poder, los abusos que se ejercen sobre uno se soportan en silencio, pues de lo contrario se ejercerían todavía con más crudeza y peores consecuencias. Hoy ya no existe tanto miedo a las consecuencias, se denuncian mucho más los abusos y ese es el primer paso para conseguir que vayan desapareciendo.
Sin embargo, no solo estamos todavía lejos de su desaparición, sino que observamos cómo la simple denuncia se encuentra con muchos escollos para prosperar. Se sigue haciendo la “vista gorda” ante no pocos abusos. La lista sería interminable.
Sin olvidar los ‘servicios especiales’ que Rodrigo Rato pagaba con las famosas ‘tarjetas black’ de Caja Madrid, hay que reseñar los sonoros tropiezos que se han dado en el PSOE, del que por su condición de sedicente partido progresista y hasta feminista —el mismísimo Ábalos proclamó serlo no ha mucho— sería esperable que mostrara otra sensibilidad ante los abusos sufridos por mujeres a manos —y a otras partes anatómicas— de dirigentes socialistas, no precisamente de militantes de base. El jueves pasado, la fiscalía de Málaga abrió diligencias por un presunto caso de acoso sexual contra el secretario general de Torremolinos, Antonio Navarro. Las grabaciones de Koldo, en las que este intercambiaba con su jefe José Luis Ábalos información y valoración de varias mujeres, muestran cualquier cosa menos esa sensibilidad feminista de la que hacía alarde el exministro y ex secretario de organización socialista. Ya creíamos haber deglutido toda esa inmundicia cuando sale a luz el presunto trato degradante al que sometía a empleadas a su cargo en la mismísima Moncloa el ex alto cargo y hombre de confianza de Pedro Sánchez, Francisco Salazar.
Primero, el silencio, lo que metafóricamente se llama barrer la basura bajo la alfombra. En el caso de Salazar, las denuncias de dos afectadas se produjeron hace seis meses sin tener respuesta. Después, cuando ya no se puede ocultar el caso, hay reticencias a tomar medidas tanto para resarcir a las víctimas como para evitar que conductas así queden ocultas. Hasta tal punto que la antigua vicesecretaria general del partido, Adriana Lastra, y la Federación Socialista de Asturias han pedido llevar el caso a la fiscalía, dada la inacción de los responsables del PSOE.
En este contexto, resulta irritante que Pedro Sánchez haya declarado que José Luis Ábalos era para él "un gran desconocido" ‘en lo personal’. Tanto Koldo como Ábalos o como Salazar han desempeñado un gran papel en la conquista del poder por parte de Sánchez en el seno del partido. ¿Es la fidelidad debida la que embota la sensibilidad del líder ante los abusos sexuales? Esa fidelidad puede estar privando al presidente de la de sus electores y, sobre todo, electoras. Todos estos casos de tropezones son inaceptables, y más aún en un partido como el PSOE que se reclama paladín del feminismo y de la modernidad, y nos retrotraen a tiempos que ya creíamos haber dejado atrás. |
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Artículo
aparecido en:
La Opinión de Murcia |
Fecha publicación:
07/12/2025
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