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Ni en la política ni en la ética ni en la estética |
No se debe generalizar. Las generalizaciones son injustas y tienen una fuerza lógica deficiente. En el PSOE militan unos 150.000 ciudadanos españoles y no se puede atribuir ni responsabilizar a cada uno de los afiliados de la conducta indecorosa o claramente delictiva de algunos de sus responsables. Sin embargo, el hecho de que los Cerdán, Salazar, Ábalos, Tomé, etcétera ocupen altas responsabilidades políticas y el hecho de que su organización no haya reaccionado con prontitud y limpieza democrática ante los actos presuntamente cometidos por los dirigentes mencionados extiende una ominosa sombra sobre la organización cuyo rumbo trazan los dirigentes mucho más que los militantes de base.
Podemos afirmar que muchos de los más destacados representantes políticos no nos representan. No nos representan en lo político, en lo ético y hasta en lo estético. Y desde luego, el ciudadano está en su derecho a manifestar su indignación por los hechos indecorosos, cuando no delictivos, que se han conocido recientemente.
No nos representan en lo político aquellos que hemos elegido para gestionar lo público y que nada más acceder a un cargo se dedican a crearse una pequeña fortuna a base de trincar comisiones por concesiones. O a atender sus asuntos privados —sean cuáles sean— cuando sus ciudadanos más los necesitaban al frente de la gestión de las emergencias el día del desastre de las inundaciones por la DANA. Metemos al PP y al PSOE en el mismo saco. Elegimos servidores públicos que se ocupen de aquello para lo que los hemos elegido y no nos representan los que están antes que nada para utilizar el cargo en beneficio propio.
No nos representan en lo ético los que utilizan su cargo para permitirse conductas que, sabiéndolas reprobables, pueden permitírselas precisamente por el poder que ostentan. Se incluyen aquí los comportamientos abusivos y machistas, aunque no solo. Porque tampoco nos representan quienes hacen la “vista gorda” o “echan tierra” sobre esos comportamientos, como tampoco los que se aferran a sus cargos proclamando una inocencia bastante dudosa. Por ejemplo, quien, en lugar de asumir su responsabilidad y avergonzarse, afirma que “se han sacado de contexto” sus declaraciones o acciones, de las que hay registro, y niega lo evidente, como ha hecho el jefe de gabinete de Mazón, José Manuel Cuenca, sobre los wasaps intercambiados con Salomé Pradas en los que le da orden de no confinar a la población; o quien, como José Tomé, dimite de la presidencia de la diputación de Lugo pero se reserva cual cacique de antaño su alcaldía de Monforte como bastión de poder para defenderse.
Y no nos representan tampoco en lo estético quienes degradan el debate parlamentario al introducir temas, expresiones, adjetivos y maneras más propias de discusiones tabernarias que nos sonrojan. El parlamentarismo ética y estéticamente decente exige argumentación solvente y manejo de datos rigurosos, porque de otra forma los ciudadanos se quedan in albis sobre lo que de verdad pasa en el país y a merced de mensajes vacuos en el mejor de los casos y cargados de inquina hacia el contrario.
No nos representan, pero es lo que tenemos y no se ve en el horizonte nada distinto, a menos que ciudadanos y militantes de base nos opongamos enérgicamente de una vez a este estado de cosas. Porque estamos seguros de que no nos representarán tampoco aquellos que ya desde las Juventudes de su partido muestran precoz tendencia a apropiarse de lo ajeno, así sean los donativos a favor de los damnificados de la DANA. |
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Artículo
aparecido en:
La Opinión de Murcia |
Fecha publicación:
14/12/2025
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