Virus

Imaginemos que en un crucero de ruta por el Mediterráneo se produce un brote infeccioso por un raro virus que causa una enfermedad grave, aunque al parecer poco contagiosa; hace escala, pongamos por caso, en Trípoli. La OMS, de la que España es miembro, analiza la situación y concluye que dada la falta de medios sanitarios en tal puerto, debe abandonarlo y dirigirse a Cartagena, sigamos poniendo por caso, para afrontar la situación con las excelentes infraestructuras sanitarias de la Región de Murcia. ¿Deberíamos negarnos a recibirlo, convirtiendo el crucero en una versión de ‘La balsa de la Medusa’ vagando por el Mediterráneo?

El presidente canario, Fernando Clavijo, ha rectificado su posición inicial al admitir la llegada del crucero ‘MV Hondius’, afectado por un brote de hantavirus, siempre que fondee en el puerto de Granadilla de Abona en lugar de atracar en él. El revuelo formado nos retrotrae a las situaciones de pánico por las epidemias de peste. Es cierto que la reciente pandemia del covid-19 alienta los temores de muchos, a pesar de que esa misma pandemia fue atajada por una ciencia muy eficaz que desarrolló una vacuna en tiempo récord y dio pautas que frenaron su propagación. Esto debería generar confianza en los criterios científicos para abordar la actual crisis del hantavirus. No se puede pedir a toda la población que reaccione con racionalidad ante la hipotética amenaza de un virus altamente letal. Y en ese sentido es, hasta cierto punto, normal que algunos tinerfeños se alarmen por la llegada del ‘MV Hondius’ a sus costas. Sin embargo, a un presidente autonómico se le debe exigir algo más de contención que la mostrada por Clavijo en sus primeras y alarmistas declaraciones. Un líder político no puede actuar impulsado sólo por el temor a que sus potenciales votantes le den la espalda ni ponerse al nivel de los más incultos y atemorizados.

Son innegables los reflejos y la intuición de Pedro Sánchez para ponerse “del lado correcto de la historia” en tantos y tantos asuntos, como Gaza o el Líbano. Pero ante una emergencia, como el brote de hantavirus, lo que hay que mostrar es capacidad de reacción rápida manifiesta en la gestión de un grupo, formado por ministros y un representante de la comunidad autónoma de Canarias, y en la comunicación serena, transparente y sin contradicciones que tranquilice a la población. Para cumplir el encargo de la OMS urgía un plan con un reparto claro de cometidos entre los ministerios concernidos. Porque lo que no es de ningún modo admisible es que, ante la previsible alarma, distintos ministros hagan declaraciones públicas contradictorias y alimenten los aspavientos de Clavijo por falta de coordinación.

No se le pueden exigir al presidente conocimientos avanzados de virología y de epidemiología. En cambio, una ministra de Sanidad sí tiene que tener un panel de expertos en todas las ramas de su especialidad a los que consultar ante cualquier contingencia para que ayuden a tomar las mejores decisiones e incluso en la comunicación a la población del peligro real que entraña manejar una situación como la planteada por este barco. Obviamente, no todas y cada una de las acciones que hay que llevar a cabo quedarán establecidas ya desde el principio, pero sí hay que sentarse a trabajar coordinadamente desde el primer minuto. Ahí es donde la capacidad gestora que debe tener un presidente del Gobierno se ha de exhibir. Y es lo que ha faltado —incomprensiblemente con la experiencia acumulada que ya tiene— en los primeros momentos, aunque parece que se ha ido corrigiendo. Y mientras no estén todos los extremos bien definidos, no den informaciones que luego pueden ser desmentidas. Cuando esto escribo, todavía quedan algunos puntos oscuros. Es de esperar que para cuando el barco llegue a Granadilla esté todo más claro.

De la oposición, mejor guardar silencio.

Artículo aparecido en:
La Opinión de Murcia

Fecha publicación:
10/05/2026


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