Pacto social o barbarie

Se atribuye a Zohran Mamdani, el recientemente electo alcalde musulmán de Nueva York, haber puesto bajo el foco de la política estadounidense el concepto de ‘affordability’. Podemos traducir ‘affordability’ por ‘asequibilidad’, la posibilidad de pagar aquello que necesitamos. Una persona o una familia se empobrecen cuando, sin disminuir sus ingresos, estos resultan cada vez más insuficientes para pagar todo lo que necesitan: vivienda, alimentación, vestido, educación, sanidad, bienes culturales —que no son ningún lujo—, etcétera. En el caso de los pisos, hace ya mucho tiempo que aquel tope del 30% de los ingresos que se debe destinar a la vivienda, sea para el alquiler o sea para la hipoteca, ha quedado ampliamente rebasado para una gran mayoría de ciudadanos españoles. Es decir, la vivienda en España se ha vuelto inasequible.

Un problema tan serio no se arregla con un par de decretos-parche fallidos. El problema viene de muy atrás, de mucho antes de que se formase la coalición que gobierna desde hace casi ocho años. Desde luego, en estos ocho años sí que se ha convertido en un problema acuciante. Cuando la política se manifiesta en la calle —como en las actuales acampadas— es porque la clase política se ha distanciado del latido de la calle.

Conseguir que un piso sea asequible pasa por tomar medidas que conduzcan a una oferta de vivienda pública mínimamente equiparable a la de los países de nuestro entorno. Eso sí que frenaría en gran medida la especulación de los fondos buitre.

¿Quiénes han de construir o adquirir una cantidad de viviendas capaz de satisfacer la demanda que hoy existe? El mismo Estado: los Ayuntamientos, las Comunidades Autónomas y el Gobierno Central. Como esas entidades no tienen una varita mágica, sino que necesitan fondos suficientes para proveer viviendas asequibles, no queda otro remedio que recaudar nuevos impuestos, porque estirar la manta de los tributos que actualmente se recaudan da como resultado que para tapar los hombros dejamos los pies al aire.

¿Qué y a quién deben gravar los nuevos impuestos? Evidentemente, a quienes especulan ahora con las viviendas en particular y a las grandes fortunas en general. Y es urgente hacerlo. En Europa parece que todavía es posible. Europa es el único lugar en el que tímidamente se planta cara a las grandes corporaciones. En Estados Unidos son los codiciosos magnates quienes han tomado directamente las riendas del poder, con la complicidad del presidente del país. La crisis de las clases medias en los países industrializados viene dada por la decreciente ‘asequibilidad’ que acompaña el trabajo asalariado, mientras los rendimientos del gran capital crecen escandalosamente. Nunca ha habido ricos tan ricos como lo son los actuales magnates. Nunca ha sido tan grande la desproporción entre el nivel de vida que unos pocos pueden permitirse y aquel al que tienen acceso masas de población cada vez mayores.

Se hace necesario un nuevo pacto social en el que se ponga freno a esta codicia empresarial que hace que personas que tienen un trabajo carezcan de techo o vivan bajo uno precario, hacinándose en pisos patera porque los sueldos no alcanzan para otra cosa. Esa codicia la exhiben tanto los grandes empresarios como algunos medianos o pequeños. Hay una nueva cultura empresarial: ya casi nadie monta un negocio para vivir; se monta para hacerse rico, y cuanto más rápido, mejor. A costa de lo que sea, por ejemplo, pagando salarios de miseria porque siempre hay quien los acepta.

O logramos cambiar este estado de cosas o el malestar social irá en aumento. Nuevo pacto social o barbarie.

Artículo aparecido en:
La Opinión de Murcia

Fecha publicación:
04/10/2026


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