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Pucherazo |
Pedro Sánchez ha disuelto las Cortes y ha convocado elecciones a celebrar el 29 de noviembre. Son unas elecciones cruciales. La derecha ya lo viene anunciando del siguiente modo.
1.- Si Pedro Sánchez gana las elecciones o la aritmética parlamentaria le permite formar gobierno, lo que está en peligro es la monarquía. José María Aznar, conocedor de los arcanos de la maquinaria socialista —la que maquina—, lo ha sabido (no sabemos por qué medios, pero deben de ser seguros dado que su afirmación era apodíctica) y se apresta a ponerlo en nuestro conocimiento para que votemos en consecuencia si queremos salvar la monarquía e incluso la Constitución. “Estamos ante las elecciones más importantes desde el comienzo de la Transición”, ha dicho. Así pues, para el ‘think tank’ de la derecha, los españoles deben votar conscientes de que es la última oportunidad para salvar la monarquía constitucional y aún la Constitución misma.
2.-Hay un peligro en el intento sanchista de alterar la voluntad de los españoles que se expresa en las urnas concediéndoles la nacionalidad española —y, así, el derecho al voto— a los nietos de los exiliados españoles de la Guerra Civil. La derecha sabe ‘a priori’ cuál va a ser el sentido del voto de los descendientes de los huidos de la España de Franco y por eso Vox ha presentado un recurso ante el Tribunal Supremo. El PP, por medio de su portavoz, Ester Muñoz, ha apoyado la medida cautelar tomada por el Supremo de —¡nada menos!— suspender el derecho al voto de los nietos de los exiliados, añadiendo que hay que velar por la transparencia del proceso electoral.
3.-Un tercer peligro es la regularización masiva de inmigrantes aprobada por el actual Gobierno. A pesar de que ‘regularización’ no es ‘nacionalización’ y de que poquísimos inmigrantes regularizados podrían votar en las elecciones españolas, PP y Vox se han escandalizado por esa regularización percibiéndola como un intento del Gobierno de alterar el censo electoral para obtener resultados favorables en las elecciones.
4.- Isabel Ayuso ha advertido a quien quiera oírla que no se debe votar por correo. Detrás han ido todos los notables del partido, empezando por su líder, Alberto Núñez Feijóo, quien ha dicho que no se fía de los directivos de Correos, él que fue presidente de la entidad. El PP extiende la sospecha de fraude en el voto por correo.
Cualquiera diría que la derecha estuviera preparando el terreno para el caso —poco probable, si nos fiamos de las encuestas— de que pierdan las elecciones de noviembre. O tal vez se trate de que la inercia los empuja a seguir con las descalificaciones de Pedro Sánchez, extendiéndolas también a la próxima legislatura, como si no conocieran otra forma de hacer política que descalificar al adversario. Se diría que están preparando los gritos de ‘¡pucherazo, pucherazo!’ ante la temida derrota electoral.
Pero resulta un insulto a la inteligencia la endeblez de los argumentos. Ninguno de los cuatro que menciono más arriba resiste el mínimo análisis racional. Y el caso es que hay artillería dialéctica pesada a disposición de la derecha para arremeter contra Sánchez y contra el actual Gobierno, porque trapacerías las han cometido, muchas y bien gordas. Acaso en un mundo ideal, el debate político se asentaría sobre bases racionales, sobre análisis profundos de la realidad política, económica y social del país, y se orientaría a descubrir cómo la acción del Gobierno ha influido en el actual estado de cosas y a mostrar cuáles serían las políticas de la oposición, si ganara las elecciones, para revertir los aspectos criticables de la realidad hodierna. Claro que eso exige pensamiento, análisis, reflexión y visión de Estado. En cambio, nos hemos instalado en el terreno de la demagogia fácil y en el berrido desaforado. Y el país lo pagará caro. |
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Artículo
aparecido en:
La Opinión de Murcia |
Fecha publicación:
11/10/2026
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