P. Y para Jonás [el protagonista de Los roedores ] ¿qué es lo más importante?
R. Yo creo que es la pérdida de control sobre su propia vida. Las seguridades que él había ido creando, los escudos que todos tenemos para hacer frente a la irracionalidad, a la violencia, a nuestros propios demonios interiores, en un momento determinado saltan por los aires y el propio Jonás se encuentra con que ya no es el que era ni nada para él vuelve a ser como antes.
El periodista digital, 13 de octubre de 2004.
P. Hábleme de Los roedores.
R. …El libro puede ser considerado como una novela negra atípica. Tiene como telón de fondo el mundo del periodismo. El protagonista es un reportero que cree que tiene sus aspectos vitales cubiertos y bien ordenados desde el punto de vista profesional y personal. En un momento determinado un suceso turbio cambia radicalmente su vida. Sus seguridades se tambalean. De alguna manera es una historia de destrucción. La obra se cuenta desde tres perspectivas diferentes, tres puntos de vista de lo mismo. Uno cree ser dueño de su vida pero al final se da cuenta de que lo están moviendo. Es como un trenzado de historias. Incluso a veces se producen saltos atrás en el tiempo.
P. ¿Tiene algo de autobiográfico?
R. Yo creo que todas las autobiografías son falsas. Para nada es género de memorias. Se apoya en la experiencia que uno tiene. El mundo del periodismo lo conozco porque he estado inmerso en él, aunque ahora algo más a distancia. No pretendí hacer una novela sobre este mundo, pero me interesa porque está muy cerca del poder.
La voz de Galicia, 20 de julio de 2004.
P. En esta obra [Los Roedores] se mueve en un terreno que conoce muy bien: el periodismo.
R. Uno es hijo de sus circunstancias. Creo que soy un escritor realista porque para contar algo tienes que encarnarlo en una realidad. Los personajes tienen que ser reales para el lector en las situaciones que imagino. En Los roedores hay elementos que conozco directa o indirectamente o que me han contado, aunque la trama es una fabulación.
El Faro de Vigo, 21 de junio de 2004.
…El trabajo de un escritor es como el de un muralista. Una novela es un mural inmenso, primero tienes que hacer una parte de la nariz y buscar la perfección en esa parte y la armonización con el conjunto.
La Región, 1 de agosto de 2004.
P. Jonás tiene algo de Otelo, alguien que recrea la realidad para insertarse en su mente a partir de una serie de datos equívocos.
R. Hay una recreación de la realidad en una mente tortuosa o torturada del protagonista, que muestra una incapacidad para insertarse en el mundo, para lograr un equilibrio, y una de sus dificultades es saber procesar la información… esa incapacidad es la que lo lleva a la obsesión.
P. La novela, en definitiva, es abierta. Al final, no se aclara si Jonás tiene o no razón en sus sospechas o si todo son imaginaciones suyas, ni se resuelve la autoría de los asesinatos.
R. Hay una posible esquizofrenia del sujeto, esa es una de las posibilidades. Quienes ya han leído la novela me han dado interpretaciones muy distintas del final. En todo caso, resolver los asesinatos no era una finalidad que me hubiese propuesto, no es una novela de estilo clásico en la que debe resolverse el enigma, es más abierta, más rupturista y, en ese sentido, más arriesgada, porque puede haber lectores que lo quieran todo bien cerrado, pero creo que esa indefinición enriquece la trama.
P. No ha empezado a publicar sino hasta cumplidos los cincuenta. Ha sido usted tardío para lo que se estila.
R. Dicen que la novela es un género de madurez; pues yo todavía estoy madurando. Decía Álvaro Pombo que uno tiene que elegir entre ser Odiseo o ser Homero; a lo mejor uno llega a ser Homero tras haber sido Odiseo. O, como también se dice primum vivere, deinde philosophare, y yo he estado viviendo hasta ahora.
Leer, septiembre de 2004.
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